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Human Behaviour

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Human Behaviour

Mensaje por Yess Knox el Sáb Nov 08, 2008 4:49 am


BannerBlog [Final]


NANCY CROWE (celebre escritora de novelas feministas) ha concluido el libreto divertido-acido-obsceno para una serie televisiva, produxcida por el exitoso Sarren Star.

Ansioso por repetir el exito de XES AND THE CITY, DARREN STAR consigue para sus protagonicos a los dos teen idols del momento.

MILLA HAWK-JONES, actriz debutante, entra por un camino insospechado y fortuito al espectaculo.

ZAC EFRON, desesperado por escapar de la fama y los recuerdos, decide esconderse a medias hasta que todos olviden su nombre.

DANIEL RADCLIFFE, con un matrimonio en puerta y hastiado de la cotidianidad, encuentra una salida para revelar su nuevo rostro.

Cuando todos coinciden en el set de HUMAN BEHAVIOUR, su pequeña aventura llega mucho mas lejos de lo que jamas imaginaron...

Rodeados por un director con aires de enfant terrible, un manager obsesivo compulsivo, paparazzis, rock y la incomparable presencia de la "escritora mas exitosa de la decada", DANIEL y ZAC se sumergen en una serie de desdichas y fortunas, que invariablemente los arrastran al destino del cual NADA ESTA ESCRITO...

¿Como vivir enamorado... cuando no sabes como enamorarte?...
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PROLOGO : Uno para todos...

Mensaje por Yess Knox el Sáb Nov 08, 2008 4:59 am

PROLOGO
Uno para todos...


Nancy Crowe tecleó unos segundos más, antes de colocar el punto final. Se sonrió satisfecha, reclinándose en el cómodo sofá, con los brazos detrás de la cabeza: era el mejor libreto que jamás había escrito. Era ácido, dramáticos casi lo mismo, obsceno, hilarante, oscuro, luminoso, conmovedor, lúdico, juguetón... se cansó de pensar en tales adjetivos. Ya quedaría tiempo para eso. En realidad, a partir de ahora, quedaba tiempo para todo.

El resto era innecesario; ahora lo único que importaba era que tenia algo para llenar las hambrientas expectativas de Darren Star, y no era para menos. El productor que había convertido los zapatos de tacón en un fetiche (rió con su propio chiste) renacería de sus cenizas (rió otra vez, con mas ganas) gracias a esa delicia que había salido de sus propias manos...

Pulsó el icono de Imprimir, y con un ruidito, las hojas en la impresora se llenaron poco a poco de sus edulcoradas palabras. Menos de un año había empleado en concluir el libreto de 77 paginas tamaño carta, letra miniatura (a su sana percepción). Nunca, o eso creía, había trabajado con tal ímpetu y destreza.

Dedicó un segundo mas a saborear su propio éxito, a pensar en las hordas de fans que se agregarían a la masa de fans que ya rogaban un roce suyo, y los elogios gratuitos que le esperaban.

Si tan solo ellos supieran que les esperaba... Los fans, claro.


**********


Daniel Radcliffe se quitó el casco de la motoneta, depositandolo sobre el estante del garaje. Suspiró, como intentando sacudirse los besos de Diana del cuerpo: era apenas la segunda vez que se veían esa semana, y ya había llegado a segunda base, como Rupert le llamaba. Así que no quería imaginar como seria cuando ambos se mudaran al centro de Londres.

Su madre asomo la cabeza por la puerta de la cochera oscura. Le sonrió, antes de decir—: Dan, llamo Darren...

—¡¿Darren, Aronofsky?! —gritó, exultante, golpeando su cabeza con el consabido estante que siempre prometía reparar. ¿Quien si no Darren Aronofsky...?

—Ugh... No, Darren Star —replico Marcia, mirando a su hijo bailar sobre un pie—. Dice que trató de llamarte al móvil, pero estaba apagado.

—Ah... bueno, debió terminarse la batería. —«Maestro del engaño» decía su maestra de actuación en la secundaria. ¿Por qué era tan difícil decir que estaba saliendo con alguien? No era la primera desde luego, pero si la única que realmente le importaba... Tal vez si era imperativo hacer rueda de prensa...

—Bueno, pidió que lo llamaras cuanto antes. —Le entregó un trozo de papel que debió ser la envoltura de un caramelo—. Dice que es urgente, un asunto confidencial...

—¿No explotara en cinco segundos? —inquirió, sin animo verdadero para bromear. Su madre ignoro la broma, y entro nuevamente en la casa. Dan la siguió, frotando su cabeza y quitándose los tenis con un lento forcejeo. Subió a su habitación (que ya le venia demasiado anticuada) y solo se dio tiempo para quitarse la chaqueta, antes de marcar el numero.

Se escucharon cuatro bips antes de que una voz jovial y grave contestara—: Aquí Darren, como debe saber bien, señor Radcliffe.

—Hola, señor Star...

—Darren, por favor, hablemos como adultos.

Dan frunció el ceño. Adultos... cada vez se escuchaba mejor...

—OK... Darren. Lamento no contestar hace un rato, pero...

—Entiendo. No soy tu madre, chico. Espero que recuerdes esa charla que tuvimos en mayo... venias con Matt.

—Claro, ¿como olvidar tu hermosa voz?

Darren rió con ganas al otro lado de la línea.

—Así me gusta, muchacho... Bueno, recordaras que te habla de un cierto proyecto...

—¿Quien dirige? —preguntó inmediatamente Dan.

—Ah... bueno, no esta decidido. Veras, es el piloto de una serie para HBO.

—¿Eh... una serie?

—Human Behaviour. Es una idea original de...

—¿Una serie, dices?

—Si... Planeamos estrenarla para el invierno del 2007. Claro, eso si te interesa el libreto...

Dan no pensaba en el guión, sino en sus prioridades: ponerse los zapatos de Harry Potter no era cualquier cosa, y volvería a calzarlos en unas semanas... No le importaba mucho retrasar la producción, pero había una palabra escrita a fuego en su ojo interior y era DISCIPLINA.

La segunda era DESAFÍO, y una serie de televisión no era lo que buscaba, aun menos con el toque de Darren (“yuppies con severos problemas sexuales de vodevil”): si, calzarse los zapatos de Harry Potter no era cualquier cosa, pero había muchas cosas en el mundo que lo reducían a un miserable pie de pagina. Y la caja idiota (¿quien seguía usando esa expresión?) no era una verdadera alternativa....

—Tengo que... —trago saliva—. ...discutirlo con mi agente... con Matt, veras, ahora tengo mucho...

—No trastabilles.

—No estoy trastabillando —replico con firmeza—, pero ahora tengo demasiado trabajo.

—Lo que tu decidas —dijo Darren, con un tono de reproche perceptible a través de los mares y el cielo—. Pero, vamos, solo es un piloto, podría ni siquiera convertirse en una serie como tal... ¿No era la «luz en el camino» que esperabas?... Y te cito textualmente...

—Me doy cuenta. Pero...

“¿Pero que podrías perder?” recriminó la voz de su conciencia, tan apagada en esos últimos tiempos, puesto que no había requerido de sus apropiados escarmientos...

...Debía reconocer el esfuerzo del productor: tener Daniel Radcliffe encabezando tu elenco no era cualquier cosa...

—Esta bien —contestó, simplemente, maravillado con el poder de esas ocho letras—. No tengo nada que perder.

—Perfecto. No te preocupes por David, yo hablare con el, ¿de acuerdo? Ahora mismo te mando el guión...

—¿A-ahora?

“Esto debería hacerlo Matt, joder” suspiró, sentándose en la cama y abriendo su laptop. Pensó en Jeremy Irons, Amo y Señor del cine y la televisión al unisono, en Diana, en Rupert, en los reproches que seguramente le echaría David Yates, y que, si las reglas del yoga y el karma no fallaban, algo bueno debía sacar de esa oportunidad. O mucho...


**********


Darren Star colgó el teléfono, sonriente. Bebió un largo trago de brandy, se desperezó, y busco su agenda. Tenia muchas llamadas por hacer... ¿Pero eso que importaba? ¡Tenia a Daniel Radcliffe en su proyecto! ¡A Felicity... A Felicity! ¡Y a la «escritora más exitosa desde Anne Rice»! Hasta ese momento, todo marchaba bien.

Hojeando la pequeña libreta, se topo con el número de Sarah: pensó en llamarle, para decirle (¿restregarle?) la gran noticia. Aunque claro, sabia que solo recibiría por contestación «Residencia Parker... No, en este momento ha salido, pero puede dejar un mensaje...»

Con ella habían terminado mal las cosas, igual que con Kim, con Cynthia.... Pero ahora no, aquel seria su clímax, su consolidación... Porque, mientras marcaba el último numero de la agenda, sabia que todo marchaba bien.


**********


Zac Efron termino de leer el libreto, frotando con aprehensión sus ojos inflamados. Dos manchas violáceas se imprimieron sobre sus retinas, chispeantes: se sentía extraño, como si en su interior se debatieran dos chorros de agua helada o caliente. Regreso el cursor hasta la portada del documento. En suaves letras negras, ponía:
*

* HUMAN BEHAVIOUR *
(guion para una tragedia televisiva)

por NANCY CROWE


Lo leyó una y otra vez, tratando de entender que relación había encontrado la autora (“¡vaya autora!”) entre una rola de Björk en sus peores años y la historia enrevesada de un trío de adolescentes con doble identidad.

Lo reconocia: muchos de los pasajes eran ridículos, y algunas de sus líneas francamente absurdas, pero todo el guión era divertido, generoso. Pero eso no restaba esa incomoda sensación, como si un mal presagio se adivinara entre las apasionadas palabras de Nancy Crowe: seria un programa controvertido, incluso peligroso. Seguramente en un futuro cercano se arrepentiría de sus conjeturas, pero en ese momento no pensaba sino en calamidades desatadas al pronunciar Macbeth tres veces consecutivas...

Poco tiempo atrás, anunciar su vida privada a los cuatro vientos parecía algo inocente, ingenuo, una extensión de su carrera. Pero, claro, eso fue antes de que Vanessa presumiera sus atributos por cuantos medios le fuera posible... Aun temblaba al pensar en la reacción de su agente, las amenazas de sus padres, o su novia jugueteando con cierto rincón de su cuerpo en televisión nacional, horario estelar... Estaba decidido a no tener más carne que ofrecer a la prensa: ¿Qué pensarían si Zac Efron, el dulce e inocente Zac Efron aparecía en televisión haciendo... bebiendo...? Además, solo pensar en abrazar a un hombre desnudo le ponía los pelos de punta.

Tomó el auricular, aclarándose la garganta, dispuesto a excusarse con Darren, (que había permanecido expectante al teléfono las dos horas que le tomo leer el guión), murmurando las palabras Disney, universidad y proselitismo... Había aprendido que esos tres vocablos en el mismo enunciado eran un autentico salvavidas.

—¿Que te parece? ¿Excelente, no, Zachary?

—Mmm... es bueno, Darren, muy bueno, me agrada, pero...

Darren resopló, deprimido—: Claro. Troy espera...

Fue como si una granada estallara en su cabeza, como si el Universo le echara las buenas nuevas y las malas de una sola vez: ¿ en verdad esperaba que el resto de sus días su nombre apareciera debajo de Troy Bolton? La historia demostraba que Walt Disney había heredado desprecio a los judíos y mala suerte para su compañía.

La gente no era la misma que antes: los dioses de metáforas eran reemplazados por ídolos de cartón y celuloide, que se desintegraban tan rápido como la arena sobre el mar. Los años pasaban, y mientras el mundo envejecía, los ídolos de cartón y celuloide se negaban a seguir el curso del tiempo. Sus eras doradas concluían, y los ídolos de cartón y celuloide debían conformarse con un digno anonimato o una fama mediocre constituida con promocionarles para dentífricos o botargas de koala afuera de un restaurante de comida rapida.

Demode, lo llamaba Dylan para cabrearlo, y Zac, mientras iniciaban una pelea de almohadas como solo en California, no podía negar que estaba en lo cierto. Era una moda, como los Tamagochis, y las modas terminaban por morir y ser enterradas....

“Si no, recuerda los Tamagochis”.

Necesitaba algo más... Algo mas que revistas del corazón y one hit wonders a medio pelo... Necesitaba olvidar a las viejas venerables que lo llamaban Troy en la calle; a las niñas insulsas que coleccionaban sus fotografías en bañador; a los chicos de dudosa moral que imitaban sus coreografías; a Vanessa, y las promesas de amor hercúleo. Todo había sido genial cuando era Troy...

Pero ahora recordaba que su nombre era Zachary David Alexander Efron.

—Ah, olvida eso, y cuenta conmigo. Darren, ya tienes a tu Jonathan Meyer.
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